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16 abril 2012

1ª PARTE, CAP. 14 de “BARCELONA, 30 AÑOS DE CORRUPCIÓN”, ed. 2006, Consorcio de la Zona Franca, Piqué Advocats Associats, 1975-1984

Rafael del Barco Carreras

Barcelona 16-04-2012. Hoy publica EL MUNDO…

«El Consorci es la única empresa pública con una cierta capacidad ...

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hace 7 horas – JORDI CORNET Delegado del Gobierno en el Consorci de la Zona Franca de BCN. «Revisaremos en un 15% a la baja los gastos del ...

… y se lee entre la tiniebla de todo político “Lo único que advierto que me he encontrado un Consorci mucho más hipotecado que el que se encontró el señor Royes cuando lo asumió en sustitución del señor Lacalle…”. “El Consorci es la joya de la Corona del Gobierno de España en Cataluña”… una joya y corona a la que de tarde en tarde le roban las joyas y la endeudan a cuenta del patrimonio de los expoliados y expropiados agricultores de los años 20.



cap.14 Pacto acreedores. ETA. Túnel. Cabos. Torturas.
Chueca, letras avaladas por el Banco Garriga.
Informe 31-10-80 Brigada Regional Policía Judicial.
Recursos Supremo y Constitucional.
Pag.74



PRIMERA PARTE
Consorcio de la Zona Franca
Piqué Advocats Associats
1975-1984


14


La prensa perdió interés por el Caso Consorcio, y hasta Agosto de 1981 nada significativo. En realidad el “interés” de un caso lo crea ella misma, y hasta el caso, o su deriva, si es necesario. Un titular, “Un pacto con los acreedores salvará al Consorcio de la Zona Franca”, y unas líneas del segundo de Narcís Serra en la Alcaldía, señor Pascual Maragall, actual Presidente de la Generalitat. “Dada la perspectiva favorable que en estos momentos rodea al Consorcio y las posibilidades reales de que la entidad entre en una nueva dinámica laboral y profesional, pensamos que es el momento oportuno para que entre todos, Estado, Ayuntamiento, acreedores, Generalitat, etcétera, le demos el apoyo que precisa”. Y el apoyo, el aval del Estado para pagar los diez mil millones a dieciocho años. ¿Con 1.200 millones se cubrían 10.000?. Ingenua pregunta, los políticos, de acuerdo, son capaces de la cuadratura del círculo. Una excelente operación para la CAIXA que además de sus intereses legales, altísimos entonces, cobraría los 600 millones deducidos en negro el día del abono del empréstito. Lo pagaría a la larga el propio Consorcio, pero el aval del Estado indispensable, como parte del Ente, para que nadie en el futuro discutiera la operación y solvencia. El silencio se alargaría hasta el Juicio. No está de más recordar, una y mil veces, que Maragall es Doctor en Ciencias Económicas y abogado (y aprendiz con Porcioles), y su jefe Narcís Serra, tambien economista, es especialista en urbanismo (y sobrino de Serra Ramoneda, presidente de la Caixa de Cataluña y ahijado de Narciso de Carreras, presidente de la Caixa), por funcionario de la Diputación, miestras que su segundo lo es del Ayuntamiento, y con consulting simultaneado con su empleo en la Dipitación con nada menos Miguel Roca Junyent, que será íntimo de Jordi Pujol, y padre de la secretaria de Javier de la Rosa. Pero no nos anticipemos, los treinta años y los personajes se amalgaman. ¡Claro que sabían de que hablaban!.

El aguante del cuerpo humano es infinito, nadie conoce su propia capacidad de adaptación y resistencia, y en mi caso, metido en el camastro escribiendo, pasaba las horas. Entonces no tenía ni idea de lo anterior, ni de eso ni de casi nada, por eso estaba en prisión. Un gran entretenimiento, el frontón. Koldo y sus muchachos (el comando de ETA que entró en el cuartel del Ejército en Berga para robar armas) imbatibles en la cancha, el único Camacho, un chaval de veinte años. Una gozada de partidos, con apuestas para buen aliciente. Funcionaba el negocio de la manufactura de pelotas basándose en goma elástica para el núcleo e hilo de calcetín de relleno, durísimas. Buen amigo Koldo, y Camacho. Dos vidas antagónicas en el mismo lugar. 98 atracos le cargaban a Camacho, algunos estando en prisión arrancados a palizas. Con aureola interior por su huida con los 45 en el 77.

Había entretenimientos más complejos, además de las drogas y el juego (“el burle”, con partidas de dados y “señora”) no faltaría una completa casa de putas en la lavandería con un madame maricón, o en el cine los domingos una copia del Diana de la calle las Tapias. Todo en conjunto el mejor caldo de cultivo para la incubación, desarrollo y expansión del SIDA. Barcelona pagaría durante muchos años vivir de espaldas a una de sus realidades, aquella cárcel.

Koldo se desesperaba cuando paseando de pared a pared le sermoneaba con que los vascos fueron puntales en la creación de la España invadiendo a los andaluces, mis ancestros hasta que abuelos y familia se instalara el año 1900 en Barcelona, y para más retruécano formaron los salvajes capitanes de los Tercios Españoles del Duque de Alba, y transformaron a los indios americanos en esclavos convirtiéndose en hacendados por todas las Audiencias americanas y después repúblicas. Me aguantaba “porque eres un anarquista”, “anarcocapitalista en vías de la ruina total”, le contestaba. Se reía y me contaba que a su abuelo lo fusilaron los franquistas y a su padre, no recuerdo, le habían desposeído de sus tierras en un pueblo navarro. En fin, tenía declarada su guerra al Estado Español, y no sería yo que le sacara de su error. Tuvo los santos cojones de escaparse del cuartel de Berga, esconderse por el monte, y rehecho en Barcelona, presentarse en la cárcel de mujeres con un carné de abogado para entrevistarse con su compañera caída en el cuartel. Una imprudencia temeraria que le costó una larga condena. El amor formaba parte de su guerra, y de la mía.

Buenos camaradas, formando piña. Chueca, en la celda de enfrente, uno de los especialmente vigilados. Intentó la fuga con un túnel de fuera a dentro. Alquilaron una nave en la avenida Roma y pretendían horadar hasta el patio de la sexta. Se les hundió en medio de la calle Provenza. La tierra sobrepuesta en la riera de Sarriá al Paralelo cubierta por los rebajes del Ensanche convertía en peligrosa la excavación, y se hundió. De lograrlo, vacía media cárcel. Los periódicos señalaron un posible atentado en las viviendas militares. Koldo y los suyos lo intentaron a la inversa, tampoco lo consiguieron. Varias fugas funcionaron, pero por norma la dirección tenía el chivatazo antes de iniciarse el intento. La red de información, casi perfecta. Aparecieron pistolas, y con una se escaparon seis por la puerta principal. Los cabos de varas, Zamora y sus ayudantes en la Sexta, cubrían hasta con un físico digno de su cargo, cojo y bizco, toda contingencia. En una celda, la “rutina”, donde vendía café de cazuela, huevos, tabaco, cerveza, o lo conveniente. Se forraría, impensable en la calle de delincuente del Chino. Las peleas terminaban en la llamada enfermería o en el Clínico si había pinchazos, y por la noche el retén de guardia en la garita del Centro, caliente de alcohol, cuando se cerraban las celdas, enderezaba los entuertos. De los grilletes en la pared del sótano de la Quinta, galería de castigo, se colgaba el individuo a reblandecer y de los gritos de la paliza se enteraban los vecinos de la calle Rosellón, que según la intensidad se asomaban con un “asesinos, asesinos”. Muerto Franco, cinco años atrás, no solo no había cambiado nada sino a peor, de los seis setecientos reclusos del último franquismo se había pasado a dos mil seiscientos, y con motines. ¡Bendito el primer juez de vigilancia penitenciaria Gómez de Liaño!, ¿O su literatura jesuítica una confesión con auto perdón?.

La planta baja de la sexta recogía primerizos de estafas, y las conversaciones, lecciones de posgraduado, una delicia. Comparé operaciones coladas en la Caja de Crédito. Chueca, especializado en falsificaciones y estafas bancarias a base de ordenar transferencias de empresas, previo robo de la correspondencia, a cuentas propias. Lo cogieron en un banco y le calentaron para cantar. Un gran individuo. La Tina procuraba que la comida se pareciera a la de su mujer italiana. Me aseguraba que por Barcelona corrían letras avaladas por el Banco Garriga Nogués que al vencimiento se tacharon de falsas. Él sabía de unas redescontadas en un banco suizo que pataleaba por cobrar.

A Serena se lo llevaron a Gerona por un juicio de accidente de tráfico, y a Bruna al Hospital Penitenciario de Madrid, y durante una buena temporada el Consorcio y los De la Rosa pasaron a segundo plano.
Ya Pascual Estevill espaciaba las visitas (la cárcel le deprimía), sustituido por el socio Eduardo Soler Fisas con su “Rafael, es un asunto político”. “!Y vuelta con asunto político!, es un simple choriceo”. Significativo que no me comentaran el informe de la Brigada Regional de la Policía Judicial del 31 de octubre de 1980, cuatro meses en prisión, con un rotundo; “En cuanto al conocimiento que los procesados... pudieran tener de la procedencia real del dinero que Antonio de la Rosa Vázquez gastaba e invertía en tan elevadas cuantías, pese a la multitud de personas con las que se ha hablado, no se ha encontrado ninguna prueba, o siquiera indicio, a favor o en contra, por lo cual únicamente puede aportar un poco de luz sobre este tema el estudio sobre estas tres personas... ”. Leído en uno de tantos recursos, años después, pensé que esa Brigada no fue “untada” como Estafas meses antes, a cuyo segundo contrató o asoció el Bufete Piqué Vidal. ¿Para qué untar?, estábamos en prisión, y para la opinión pública los del Consorcio en su lugar adecuado.
Al año de cárcel, julio del 81, las excusas se centraban en los recursos al Supremo y el Constitucional, y Hernández Pardo más inabordable que el desconocido juez de instrucción. Por su parte, de no definirse los altos tribunales, ni pensar en libertades.

De desespero. Entrada la época en que las visitas de mis abogados me molestaban. Un año oyendo truculencias. La única atadura con mis abogados, las letras del Charly Max, cuyo importe se hacía indispensable para mantener mis negocios y familia. En definitiva, exceptuando lo que yo creía mis genialidades extraídas del proceso, ningún escrito con aportación propia, aparte de su retórica lejana a la habitual del léxico judicial.

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